lunes, 10 de junio de 2013

El asno engreído

El asno engreído
Buenos días, amigo/a
Te invito a reflexionar hoy sobre la vanidad humana. “La cola del pavo
real honra al que la creó; pero, el pavo no tiene nada que ver en
ello”, (J. Leclercq). “El vanidoso es como un gallo que se imaginara
que el sol sale para oírlo cantar”. “Vasito de barro: ¿por qué te
quieres poner tan alto? ¿No ves que si te caes, te quiebras? ¿No sabes
que el aroma de tus flores se percibe mejor si estás abajo?”, (V.
Gar-Mar).
Una vez le tocó a un asno cargar la imagen de un dios por las calles
de una ciudad para ser llevada a su templo. Y por donde él pasaba, la
multitud se postraba ante la imagen. El asno, pensando que se
postraban por respeto hacia él, se erguía orgullosamente, dándose
aires y negándose a dar un paso más. El conductor, viendo su decidida
parada, lanzó su látigo sobre sus espaldas y le dijo: —¡Oh, cabeza
hueca, todavía no ha llegado la hora en que los hombres adoren a los
asnos! (Esopo).

La humildad consiste en el reconocimiento de que Dios es el autor de
todo bien. De él proviene todo cuanto tenemos y somos. Y también
cuanto tiene y es nuestro prójimo. Por eso no cabe el sentido
competitivo de la vida, que está en el fondo de la actitud soberbia y
envidiosa. Que intentes vivir en lo concreto de cada día esta sólida
verdad. P. Natalio.

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