jueves, 11 de julio de 2013

CARTA A UNA MUJER

CARTA A UNA MUJER

Querida amiga:
¡Qué agobio te producen estos difíciles años de la madurez!  Y porque te comprendo, decido escribirte.  Piensa que no sólo es una cifra en años; es también un estado del alma.  Es la cumbre de un camino del que se desciende con mucha rapidez, con mucho temor, con muchas realidades amargas. 
Es un cambio de visión: los ojos acostumbrados a iluminarse de esperanza, a soñar con bellas promesas, a divisar horizontes amplios, ahora empiezan a retroceder, a mirar hacia atrás a lo poco que se ha hecho, a los avisos de la naturaleza que nos limitan, nos quitan muchas vanidades, haciendo declinar nuestros básicos atributos femeninos. 
En una palabra, vemos con asombrosa lucidez el declive, el cambio inexorable.  Época de evoluciones, época difícil, para la que hay que prepararse. Los nervios se alteran, con frecuencia hay cierto desequilibrio emocional.

Sepamos asimilarla, encontrarle belleza y darle estabilidad.  Es la última capa de la corteza de un tronco que va viviendo ya muchos años, la última etapa de una vida plenamente realizada.  Los hijos crecen. Tienen juventud, amor, preparación, ¡ideales!  Y se van… El marido es menos dispuesto, más callado… ¡La pareja se conoce tanto!
Nosotras mismas, no podemos lucir como antes. No podemos soñar con aquella ilusionada visión de futuro… ¡como antes!  Es la época de la compensación: esa soledad hay que sustituirla con ternura; ese ardor de los sentidos, con fuego del alma; ese poco interés de lo nuevo, de los alicientes de la vida, con una mayor intimidad personal, comprensión espiritual, unión de uno en el otro.
 
Como si el recorrido del camino los hubiera hecho de una sola pieza… ¡Para eso crearon, lucharon, y sufrieron por lo mismo! Iguales triunfos… Iguales cicatrices… Pueden sentirse satisfechos con sólo mirarse… La vida se ha ido transformando de un modo perceptible. La relación de fuerzas, de motivos, se ha invertido en pocos años. Y es necesario un nuevo movimiento de valorización, de dirección espiritual y emocional, para encontrar nivelación y equilibrio.

Toda vida tiene un momento heroico, una emoción gigante, un acto de extrema generosidad que la salva, que la llena de luz.  Tiene un gran cúmulo de recuerdos dulces y amargos, guardados, amasados juntos en nuestra alma, como un cáliz que resumiera todos los jugos de la existencia.
Hay que asomarse a ella, libar todos los sabores, descubrir las mieles que a través de todas las etapas nos ha dado la vida.  Y volver los ojos atrás.  Más que con resentimiento, con amor.  Más que con temor, con fe.  Más que con lágrimas, con serenidad.  Más que con envidia por los que empiezan, ¡con una enorme gratitud por los que acaban!
Autor Desconocido   

SEPARACIÓN
Es mi turno de dar el siguiente paso, dejé mis decisiones a la espera por amor.  No estoy vencida ni derrotada, no le tengo miedo a la vida, sólo es temor de tomar rumbos equivocados, pero no de fallar, sino por la falta de costumbre.  No sé qué hacer con mi soledad, me ha tomado por sorpresa, este final de capitulo fue demasiado abrupto y sorpresivo.  Mis lágrimas son de impotencia, mas no de claudicación, tengo por quién seguir  adelante: ¡por mí misma!
Sé que esto pasará así como pasa un día tormentoso, así volverá a salir el sol y la esperanza.  Tendré que ver los daños que hay, y empezar la reconstrucción, si hay algo que salvar, lo salvaré, sino, ¡empezaré de nuevo!

El tiempo que tarde no importa, no llevo prisa, lo importante es poner manos en la obra, y hacer las cosas bien.  Primero vaciaré mis ojos de todas sus lágrimas, y cuando ya no exista ninguna, sabré que es tiempo de ponerme en marcha.  Al final de cuentas salgo ganando, esta experiencia me ayudará a ser más acertada la próxima vez, o a salir menos lastimada.
No me importan mis años, los que tenga, no permitiré que el desengaño me deje su amargo sabor por siempre.  Soy fuerte y el dolor me dará fortaleza, y cuando este desaparezca, podré volver a ser yo, entonces las primaveras volverán a mis jardines y las risas  a mi vida.  ¡Tengo fe en el mañana! ¡Tengo fe en mí!  Pero sobre todo, tengo fe en que todo pasará porque soy una mujer, pero ante todo una dama.
 
Sergio Pérez Castañeda   
México
 
Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad; 
 
        
BeatrizMedellín - Colombiasemillasdevida@pymex.net
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