jueves, 11 de julio de 2013

Desconéctate y disfruta del momento de la comida/ Jaime Jaramillo

Por: Jaime Jaramillo

Desconéctate y disfruta del momento de la comida/ Jaime Jaramillo

Cuando nos reunimos alrededor de la comida para compartir con nuestros seres queridos, además de disfrutar de la buena mesa y sus múltiples sabores, podemos también saciarnos de momentos especiales.

Jaime Jaramillo

Foto: Hernán Puentes
Desde hace 40 años, cuando comencé a recorrer las calles buscando niños que vivían allí, la comida ha sido protagonista en este acercamiento con menores. No existe algo que pueda aproximarnos más al corazón de esos seres que sufren que una buena taza de chocolate caliente, un rico pan, una palabra amorosa y un corazón dispuesto a escuchar.
Te propongo que le des un nuevo aire a tu vida y de ahora en adelante, antes de sentarte a comer con tus seres queridos, abras tu corazón para deleitarte con el sabor de nuestra comida casera y esos instantes maravillosos que deberían ser un ritual sagrado, donde reinen el amor, la paz y un buen diálogo. ¿Cómo lograrlo? Desconectándote de tus teléfonos, chats, computadores y demás tecnología para disfrutar intensamente de su presencia y ver qué es lo que realmente están sintiendo.
Desafortunadamente, muchas veces estos momentos tan especiales llegan a convertirse en una verdadera pesadilla, ya que allí mismo en la mesa es cuando pueden ocurrir las peleas, distanciamientos y resentimientos más difíciles entre familiares. No dejemos que estos instantes se vuelvan en algo no deseado.
Esto me hace recordar un episodio bastante difícil que viví en la calle en compañía de estos inocentes niños, que han sido maltratados y rechazados por muchos: me encontraba en una alcantarilla compartiendo un delicioso chocolate, cuando llegó uno de ellos feliz con unos sánduches que le habían regalado. Por alguna extraña razón, tuve una corazonada de que algo estaba mal, por lo que antes de que se los comiera le pedí que me los dejara ver. Tan pronto los abrí, noté que tenían algo granulado que no se sabía muy bien qué era, pero que al verlo de cerca y sentir su textura me di cuenta de que era un veneno para ratas. Para mi sorpresa, efectivamente estaban tratando de envenenar a estos niños y cuando profundicé en la investigación de quiénes podían estar haciéndolo, noté que eran los vecinos, que no querían que los niños estuvieran en los alrededores, ya que tenían la falsa creencia de que la mejor forma de rehabilitar a un niño de la calle era matándolo, pues así prevenían tener al criminal delincuente del futuro.
Por eso, la próxima vez que tengas la opción de contacto con algunos de estos personajes que habitualmente recorren nuestras calles, recuerda que puedes descender a sus corazones y brindarles una mano, teniendo como pretexto una buena comida. Nadie sabe lo que esas personas llevan en su interior, ya que probablemente la sociedad los ha hecho sentir como un estorbo, diciéndoles displicentemente que son ‘desechables’, sin darse cuenta de que en esos corazones hay una chispa divina que los hace grandes seres humanos cuando les brindas la oportunidad de demostrarlo.
 

Este artículo hace parte de la edición de la Revista Aló del 28 de JUNIO de 2013.

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