jueves, 18 de julio de 2013

El pavo real y sus admiradores

El pavo real y sus admiradores

Buenos días, amigo/a

Te invito a reflexionar hoy sobre la vanidad humana. “La cola del pavo
real honra al que la creó; pero, el pavo no tiene nada que ver en
ello”, (J. Leclercq). “El vanidoso es como un gallo que se imaginase
que el sol sale para oírlo cantar”. “Vasito de barro: ¿por qué te
quieres poner tan alto? ¿No ves que si te caes, te quiebras? ¿No sabes
que el aroma de tus flores se percibe mejor si estás abajo?”, (V.
Gar-Mar).

El pavo real, con la cola desplegada, erguido en un delicioso cuadro
de prados verdes, de aguas relucientes y de arbustos, parecía sacudir
alrededor suyo, bajo los rayos del sol, una lluvia de pedrerías, un
rocío de esmeraldas, de zafiros y de oro. Lo rodeaba un gran círculo
de admiradores extasiados, y él gozaba de veras. Pero se le ocurrió a
uno de los que allí estaban decir en voz alta que también era muy
lindo el faisán dorado. Por cierto, no le quitaba al pavo real nada de
su mérito, y sin embargo se quedó éste tan triste, casi como si le
hubieran llamado feo. Muchos pavos, que no siempre son reales, así
piensan que el mérito ajeno rebaja el de ellos. (G. Daireaux).

Guárdate de la vanidad, del afán de figurar y ser tenido en cuenta,
pero no dejes de hacer el bien por temor a la vanidad. Una vez santa
Teresa se vio tentada de dejar obras buenas que hacía, a causa de
recibir grandes elogios por eso. Entonces dirigiéndose a la vanidad,
le dijo: “lo que no empecé por ti, no lo voy a dejar por ti”. P.
Natalio.

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