jueves, 11 de julio de 2013

En consulta con Alex

En consulta con Alex

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4:42 p.m. | 09 de Julio del 2013
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Alexandra Pumarejo hace una autocrítica sobre la autoestima y cómo se refleja esta en sus hijos.

Desde que mi hija nació y durante sus 11 años de vida ha sido más larga y delgada que el promedio de las niñas de su edad. Es muy deportista y saludable. Por eso, no podía creer cuando hace poco me dijo: “No quiero comer más porque estoy gorda y fea”.
Inmediatamente le dije que estaba loca y, como si me hubieran puesto play, entré en mi sermón sobre el tema de la belleza. Aunque ella me lo ha escuchado mil veces, le tocó una vez más oírme explicarle que la belleza interior es la importante y que la exterior es efímera. Le enfaticé en que nunca debe sentirse esclavizada por los estereotipos de perfección de la sociedad ni de sus amigas y concluí con una pregunta contundente: “Si yo fuera gorda, ¿me dejarías de querer?”.
Sé que dije lo que una mamá “responsable” debería decir, pero confieso que esta vez ni yo quedé convencida con mis palabras. Me pregunté de dónde saca mi hija esta idea de que está gorda, pero, peor aún, de dónde saca que es tan grave serlo.
Les podría echar la culpa a las revistas de moda, a los concursos de belleza o a la televisión, pero resulta que me tocó enfrentarme a la dura realidad de que no hay nadie más “culpable” que yo. La misma mamá que predica sobre la sana autoestima, la que le dice que los sentimientos y los valores son lo fundamental en las personas, le ha dado ejemplo, precisamente, de lo opuesto.
Hace poco, mi cuerpo cambió radicalmente y por primera vez me vi pasadita de kilos. Confieso que jamás me miré en el espejo, y me dije: “Lo importante es tu personalidad”; “No te afanes, eres una mujer rodeada de amor”; “No importan los kilos, lo importante es tu inteligencia y buen sentido del humor”. Todos los posibles mensajes positivos se fueron disminuyendo a medida que los numeritos de la pesa iban aumentando.
Mi hija no vio a su mamá reírse de sí misma y decir que el peso no importa. Al contrario, me vio traumatizada por la cola que no cabía en los jeans, me vio buscando dietas y acudiendo a mis amigas por una solución fácil e inmediata.
Como a muchas mamás, se me olvidó que para enseñarle a mi hija la importancia del amor propio y de tener un cuerpo sano, no tengo que andar con una cartelera diciéndole que ella es maravillosa por ser ella. Debo darle ejemplo y sentirme maravillosa por ser yo. No puedo esperar que ella se sienta cómoda en su propia piel si yo no estoy en la mía. No puedo sermonearla sobre las virtudes de la belleza interior si yo considero que la mía es inexistente. . Para que mi hija de verdad se quiera a ella misma, la que se tiene que preguntar y contestar “¿tú me seguirías queriendo si estoy gorda?” soy yo.
ALEXANDRA PUMAREJO
            

http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/mujer/en-consulta-con-alex_12922024-4

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