lunes, 1 de julio de 2013

¿POR QUÉ SUFRIR?

¿POR QUÉ SUFRIR?

«¿Por qué a mí? »  «¿Por qué Dios me castiga?» ....«¿Soy víctima de un destino fatal?» ... «¿Me persigue la mala suerte?» ...  Y podríamos multiplicar las preguntas.  Y luego multiplicaríamos las respuestas.  Pero todo es en vano.  ¡No hay respuesta para el por qué!  Porque cualquiera sea la explicación que te den o te des para ti mismo, siempre cabrá un último ¿por qué?, para el cual no habrá respuesta.
El sufrimiento es una señal de alarma, una luz roja en el tablero de tu vida.  Una voz que te llama y te despierta para que tomes conciencia de ti mismo, de tu condición de caminante, de tu realidad de criatura.  Tus aflicciones y tus penas son señales a la vera del camino, que muchas veces te desafían para que rectifiques el rumbo y cambies de dirección.... ¡si quieres alcanzar la meta!
 
Yo he sido testigo muchas veces, de personas que vivieron con autenticidad y madurez humana desde el momento en que debieron de afrontar el dolor y la muerte.  El dolor y el sufrimiento son algunas veces en tu vida, los únicos guías
que te conducen a la profundidad de tu interior, al encuentro contigo mismo, liberándote de la superficialidad y del vacío de una existencia hueca.

Autor Desconocido   
 
AMA A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO
Dijo el Señor:" Ama a tu prójimo como a ti mismo"
 
    El amor a sí mismo es la roca donde apoya el sentido de la vida.       La amistad consigo mismo, es como la perla de gran valor.     Adquiriendo esta riqueza, se adquiere todo lo demás.
    Lejos de hacernos egoístas, nos hace más generosos.    Si estás en paz con tu alma, estarás en paz con el cielo y con la tierra.    Nadie puede ayudar a otro sin ayudarse a sí mismo.
    Nos enfermamos cuando no nos amamos.
    El amor es libre o no es. No se puede forzar, ni prescribir; nace en la libertad o no existe.
    Lo que se hace libremente jamás puede llamarse sacrificio.
    La libertad con que se obra es lo que lo distingue, entonces no es sacrificio, sino un don.
    El egoísmo  es la falta de amor a sí mismo, tal como la sobreprotección revela la falta de amor al otro.
    Para ser genuinamente humilde, hay que amarse a sí mismo. 
    El reconocerse, no es humillación, que revela no amarse.    El presumido, pedante, prepotente, intenta compensar el déficit del amor a sí mismo.    Un corazón tierno, ennoblece nuestras esperanzas, pues nos convertimos en lo que creemos y esperamos.
 
Rafael De Petris   
Psicoterapeuta
 
Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad; 
 
      
BeatrizMedellín - Colombiasemillasdevida@pymex.net
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