domingo, 11 de agosto de 2013

Cambio de rumbo....Como un niño…Puede tardar días… o años

Cambio de rumbo
Buenos días, amigo/a
Hoy recordamos a san Alfonso María de Ligorio. En una ocasión hizo una
opción que le cambió el rumbo que llevaba. A lo largo de tu vida Dios
se hace presente invitándote a dar pasos hacia una misión que te ha
preparado para hacerte feliz. Está atento para captar estos llamados
del Señor, porque aparecen de la manera menos pensada.
Alfonso de Ligorio, joven y brillante abogado napolitano, en 1723
defendió al Doctor Orsini contra el gran Duque de Toscana en un famoso
pleito. La defensa de Alfonso fue elocuente y contundente, seguida por
un interminable aplauso. De inmediato el abogado del Duque se le
acercó y, mostrándole un papel, le dijo: «Todo lo que nos has dicho
con tanta elocuencia cae por su base con este documento». Alfonso
leyó, se dirigió al tribunal y exclamó: «Señores, me he equivocado». A
partir de ahí comienza una fuerte crisis interior. Dejó la abogacía,
fue ordenado sacerdote. Organizó misiones populares. Fue hecho obispo.
Fundó la congregación de los redentoristas. Al morir (1787) dejó
escritos un centenar de libros orientadores.

Hay personas que al organizar su propia vida se plantean la pregunta
¿dónde puedo ser más útil a los demás? Es un buen planteo desde el
vamos, porque han dejado a un lado la propia comodidad y ventaja, para
centrarla en el prójimo. Es un enfoque que pone el servicio en primer
lugar. Eso hizo san Alfonso y dio un nuevo rumbo generoso a su vida.
P. Natalio.
Como un niño…
Buenos días, amigo/a.
Confiar en Dios, es depositar toda tu fe en él. Dejarle el cuidado de
tus cosas. Permitirle disponer de tu futuro, porque sabes que te ama
más que tú mismo. Reposar en él “como un niño en brazos de su madre”
(salmo 131). Y confiar sobre todo en las pruebas, cuando las cosas
resultan incomprensibles. Reflexiona sobre esta parábola
contemporánea.
Una noche soñé que caminaba a lo largo de una playa, acompañado por
Dios. Durante la caminata muchas escenas de mi vida se fueron
proyectando como en una pantalla en el cielo. Según iban pasando las
escenas, notaba que unas huellas se formaban en la arena. A veces
aparecían dos pares de huellas, otras veces solamente aparecía un par
de ellas. Esto me preocupó grandemente, porque pude notar que durante
las escenas que reflejaban etapas tristes en mi vida, cuando me
hallaba sufriendo de angustias, penas o derrotas, solamente podía ver
un par de huellas en la arena. Entonces le dije a Dios: “Señor, tú me
prometiste que si te seguía, caminarías siempre a mi lado. Sin
embargo, he notado que durante los momentos más difíciles de mi vida,
sólo había un par de huellas en la arena. ¿Por qué cuando más te
necesitaba, no estuviste caminando a mi lado?” El Señor me respondió:
“Las veces que has visto sólo un par de huellas en la arena, hijo mío,
ha sido cuando te he llevado en mis brazos”.

Dios nos supera de manera insospechada en amor, bondad, delicadeza.
Todo esto lo comprenderás en plenitud en la vida futura. Entretanto él
valora tu fe, tu abandono incondicional en sus brazos, el haber
llegado a lo que Jesús dijo: “Si no te haces como un niño no entrarás
en el Reino de lo Cielos”. Te deseo un gran crecimiento en confianza.
P. Natalio.
Puede tardar días… o años
Buenos días, amigo/a.
Para iniciar la jornada con una sonrisa, te ofrezco hoy un cuento
humorístico, que también ofrece ocasión para reflexionar con
sabiduría.
Un señor llama nerviosamente por teléfono preguntando:
—¿Ha llegado el señor intendente?
— No, señor.
—¿Tardará mucho?
— No lo sé. Puede tardar días, meses o  años.
— Pero, ¿con quién tengo el gusto de hablar?
— Con el administrador del cementerio...
— Perdón, equivocado.

El número estaba equivocado, pero no la afirmación del administrador
del cementerio. Porque es verdad que el señor intendente, con una
agenda llena de compromisos e importantes actuaciones, podía llegar al
cementerio —no por sus pies, sino llevado a pulso de personas
comedidas—, en término de horas, días, meses o años. Sólo Dios sabe
cuándo termina tú vida, mi vida, la del intendente, en este mundo. ¿Lo
pensamos? Es una reflexión seria, pero saludable, porque te urge y
motiva a llevar una vida justa y recta a los ojos del Señor. Si te
parece, cuenta este chiste a tus amigos. P. Natalio.

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