domingo, 11 de agosto de 2013

¿Cómo me llamaba?....El misterio de la vida.....Cada cosa a su tiempo

¿Cómo me llamaba?
Buenos días, amigo/a
Toda persona es importante, y merece tu respeto y el mío. Alguien
escribió que el sonido más dulce y querido para cualquiera de nosotros
es el propio nombre y apellido. Ahí tienes un camino para llegar al
corazón de los demás. Pon atención en recordar los nombres. Es
cuestión de ejercicio y de interés humano.
Dios estaba creando el mundo y ponía nombre a cada animal. —Tú te
llamarás  gallina. Tú te llamarás caballo. Tú te llamarás burro. Y así
continuó con los demás. Se acercó el burro y preguntó: —¿Cómo me
llamaba yo? Y Dios le contestó: —Burro. Después de tres minutos, el
burro volvió a preguntar: —¿Cómo me llamaba yo? —Burro. Y así cinco
veces más le preguntó: —¿Cómo me llamaba yo? Entonces Dios le
respondió: —Burro idiota. Y el burro dijo: —Yo ya me estaba
aprendiendo el nombre y usted ahora me dice el apellido.

Había un señor que en las fiestas recibía a los invitados y les
preguntaba su nombre. Al final del banquete repetía nombre y apellido
de los cien o más invitados. Un aplauso interminable ovacionaba a este
prodigio de retentiva, Harry Lorrayne, autor de “Cómo desarrollar una
supermemoria”. Algo puedes hacer para mejorar tu memoria. Vale la pena
intentarlo. P. Natalio.
El misterio de la vida
Buenos días, amigo/a
Hay una oración muy buena para recordar cuando nos sucedan esas cosas
desagradables que no tienen más solución: “Señor, concédeme fortaleza
para solucionar lo que tiene solución; pero, valor para aceptar lo que
ya no tiene solución; y sabiduría para reconocer la diferencia”. Es
una sabia lección que se resume así: “Aceptar, olvidar, y seguir
adelante”.
Padre mío, dueño de la vida y de la muerte. Dame la gracia de aceptar
con paz el misterio doloroso de la vida, las enfermedades, la
decadencia y la muerte; aceptarlas sin lamentos, sin lágrimas, en
silencio y paz. Me acuerdo de que tu Hijo transformó lo más negativo e
inútil del mundo, como es el dolor y la muerte, en fuente de redención
y vida eterna. Yo también quiero que desde hoy mi dolor y mi muerte
sean fuente fecunda de redención. A partir de este momento quiero
sufrir con Jesús y como Jesús. En tus manos, Padre mío, me abandono
con mi vida y mi muerte, mi salud y mi enfermedad. Amén. Ignacio
Larrañaga.

Quien vive abandonado en el Señor crece en una relación verdaderamente
filial con Dios, su Padre; está disponible a todo lo que se presente,
su corazón se vuelve simple y libre, tiene facilidad para vivir con
humildad de corazón los misterios de la vida, se libera de toda
ansiedad por el porvenir incierto: “Será lo que el Padre quiera”, dice
con total sumisión. P. Natalio.
Cada cosa a su tiempo
Buenos días, amigo/a.
En todo es necesario proceder con discreción y mesura. La Biblia dice
que hay un tiempo oportuno para cada cosa: un tiempo para callar y un
tiempo para hablar, un tiempo para trabajar y un tiempo para
descansar, etc. Jesús también lo tuvo en cuenta. Después de unos días
de muy intensa predicación, llevó a sus discípulos a un lugar
solitario para reposar un poco.
En cierta ocasión un cazador de bestias feroces, yendo por el
desierto, vio al abad san Antonio que bromeaba con los hermanos y se
escandalizó de ello. Pero el anciano, queriendo hacerle comprender que
conviene ser condescendiente en alguna ocasión con los hermanos, le
dice:
—Pon una flecha en tu arco y ténsalo. Y lo hizo. Le dice: —Ténsalo
más. Y lo hizo. Le dijo una vez más: —Ténsalo. El cazador le dijo: —Si
lo tenso más se va a romper. Le dijo el anciano:
 —Así sucede también con las obras de Dios: si con los hermanos
tensamos el arco de manera excesiva, enseguida se rompen. Por eso es
necesario ser condescendiente en ocasiones. Al oír esto, el cazador se
sintió presa de arrepentimiento y se marchó muy edificado con ello.

Lo que hizo san Antonio con sus monjes, tú lo tienes que hacer contigo
mismo. Sé prudente en armonizar el trabajo con el descanso, la vida de
estudio y reflexión con la vida social, el cuidado del cuerpo y el del
espíritu. Los autores clásicos tenían un proverbio muy sabio: “Nada en
exceso”. Que sepas organizar tu día con sabiduría y prudencia. P.
Natalio.

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