viernes, 2 de agosto de 2013

Como a un padre.....¡No te rindas!.....Demasiado tarde

Como a un padre
Buenos días, amigo/a
La oración que haces al comenzar la jornada y al terminarla, es la
expresión de tu amor y confianza en Dios. Entre estos dos momentos, si
amas de verdad a Dios con toda el alma y con todas las fuerzas, como
dice la Palabra, de alguna manera el recuerdo amoroso del Señor te
acompañará en las variadas tareas de tu jornada.
El abuelo preguntó al nietecito si rezaba las oraciones de la noche.
—¡Oh, sí!,  respondió el niño. —¿Rezas también por la mañana?, siguió
preguntando el abuelo. —¿Para qué?, contestó el niño, en el día no
tengo miedo. Así obramos muchos de nosotros: recurrimos a Dios, como
se recurre al médico, cuando lo necesitamos. Entonces lo invocamos
diciéndole: "Padre nuestro". Ya que le damos ese nombre, deberíamos
acudir a él no sólo cuando lo necesitamos, sino también para
manifestarle, como Padre que es, nuestras alegrías, nuestra gratitud,
nuestras penas, nuestras preocupaciones, nuestros deseos.

“Uno puede orar en las calles, las oficinas, las escuelas, como así
también en el recogimiento de la propia habitación o en medio de
multitudes. Pero de poco sirve orar por la mañana, si se vive el resto
del día como un ateo. La verdadera oración moldea la vida y una vida
auténtica exige la oración”, (A. Carrel). Que la oración cada vez gane
más espacio en tus jornadas. P. Natalio.

¡No te rindas!

Buenos días, amigo/a
El eminente compositor Beethoven dijo una vez que el genio se compone
del dos por ciento de inspiración y del noventa y ocho por ciento de
perseverante trabajo. “La constancia es el alto precio que hay que
pagar por todas las conquistas de este mundo. Todo lo más grande en
cualquier ámbito se ha conseguido por una ardiente perseverancia”, (I.
Larrañaga).
¡No te rindas! Aunque te sientas triste, piensa en un mañana pleno de
alegría y de sueños realizados. Entonces comprenderás que también los
errores son indispensables para aprender. ¡No te rindas! Aunque te
sientas solo, piensa en todas las personas que te brindaron afecto
durante tu vida. También en adelante amarás y serás amado. ¡No te
rindas! Aunque te sientas derrotado, piensa siempre en la victoria
luminosa al final de tu camino, y descubrirás que las caídas te
muestran el poder de tu fe y de tu fuerza. ¡No te rindas! Aunque te
sientas perdido, aferra la esperanza que anida en tu corazón, y sal a
recorrer el sendero soñado, con la mirada puesta en el cielo. ¡No te
rindas! ¡Dios camina contigo!

Dios siempre está dispuesto a concederte sus dones, pero pide tu
colaboración, tu esfuerzo, tu voluntad. Leonardo da Vinci dispuso que
en su tumba se escribiera este epitafio: “Tú, Señor, regalas todos tus
dones al precio del esfuerzo”. El éxito comienza siempre con una
voluntad decidida a permanecer firme en la lucha, ése es el gran
regalo de Dios. Utilízalo con humildad. P. Natalio.

Demasiado tarde

Buenos días, amigo/a
En el evangelio leemos que Jesús dijo: “Busquen primero el reino de
Dios y su justicia, y lo demás se les dará por añadidura”. El error
del hombre consiste en buscar con afán en primer lugar las cosas de la
tierra, los intereses propios, mientras le dan a Dios las migajas de
su tiempo, de su dedicación, de su amor. Los ídolos han suplantado a
Dios en su corazón.
En un avisador parroquial observé varios carteles. En el primero había
un bebé gordito y debajo se leía: "Demasiado pequeño para amar a
Dios". El segundo presentaba a una pareja de recién casados besándose.
Un letrero explicaba: "Demasiado felices para amar a Dios". Le seguía
un ejecutivo rodeado de teléfonos y dando órdenes: "Demasiado ocupado
para amar a Dios". A continuación un hombre rico, con relucientes
anillos de oro y pedrería, un cigarro en la boca, al bajar de su
lujoso coche: "Demasiado seguro de sí mismo para amar a Dios". Y
finalizaba la serie con un ataúd: "Demasiado tarde para amar a Dios”.
“Si escuchas hoy la voz del Señor, no endurezcas tu corazón”, (Sal.
95).

Para amar a Dios basta meditar en su amor por ti, con la Biblia en la
mano Te sugiero que leas lentamente, el salmo 23 del Buen Pastor,
diciendo  “Gracias, Señor”, a cada frase del mismo. Sentirás
conmoverse tu corazón por el amor delicado y tierno de Dios que te
proporciona seguridad, descanso, renovación, defensa, alimento e
indefectible amor. P. Natalio.

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