viernes, 2 de agosto de 2013

Los abuelitos....


De: Nené Pieruzzi


 
 
                   

En Grecia, hace 2 décadas, se empezó con un plan piloto que consistía en lo siguiente:
Los niños de un orfanato iban 4 veces por semana a un asilo de ancianos de visita…y los dejaban “libres” para que cada uno se consiguiera uno o más “amigos”….
Hubo quejas de parte de varios ancianos/as y algunos niños tampoco estuvieron muy conformes (alegres)…hasta hubo peleas entre ellos, pero el programa siguió.
Después de 3 meses de visitas permanentes, se interrumpió el programa (así estaba previsto), pero lo que pasó fue algo extraordinario….los abuelitos se quejaron mucho y los niños por su parte también, ambos grupos se extrañaban,….mientras tanto un grupo de médicos habían estudiado estas experiencias y la conclusión era que los ancianos habían mejorado notablemente su salud física y psíquica y los niños habían evolucionado mucho más, tanto en aprendizaje como en comportamiento.  Este plan piloto se agrandó y los resultados fueron tan buenos, que hoy están dentro de la Unidad Europea como un plan estándar educacional y de ayuda.
Por Enrique Orschanski
El siguiente es un artículo que publicó en uno de los diarios de Córdoba, por el Dr. Enrique Orschanski, quien es un médico pediatra muy reconocido en esa Provincia.
En los últimos 50 años, nuestro estilo de vida familiar cambió drásticamente como consecuencia de un nuevo sistema de producción. La inclusión de la mujer en el circuito laboral llevó a que ambos padres se ausenten del hogar por largos períodos creando como consecuencia el llamado “síndrome de la casa vacía”.
El nuevo paradigma implicó que muchos niños quedaran a cargo de personas ajenas al hogar o en instituciones. Esta tercerización de la crianza se extendió y naturalizó en muchos hogares.
Algunos afortunados todavía pueden contar con sus abuelos para cubrir muchas tareas: la protección, los traslados, la alimentación, el descanso y hasta las consultas médicas. Estos privilegiados chicos tienen padres de padres y lo celebran eligiendo todos los apelativos posibles: abu, abuela/o nona/o bobe, zeide, tata, yaya/o opi, oma, baba, abue, lala, babi, o por su nombre, cuando la coquetería lo exige.
LOS ABUELOS NO SÓLO CUIDAN, SON EL TRONCO DE LA FAMILIA EXTENDIDA, LA QUE APORTA ALGO QUE LOS PADRES NO SIEMPRE VISLUMBRAN: PERTENENCIA E IDENTIDAD, FACTORES INDISPENSABLES EN LOS NUEVOS BROTES.
La mayoría de los abuelos siente adoración por sus nietos. Es fácil ver que las fotos de los hijos van siendo reemplazadas por las de éstos. Con esta señal, los padres descubren dos verdades: que no están solos en la tarea y que han entrado en su madurez.
El abuelazgo constituye una forma contundente de comprender el paso del tiempo, de aceptar la edad y la esperable vejez.
Lejos de apenarse, sienten al mismo tiempo otra certeza que supera a las anteriores: los nietos significan que es posible la inmortalidad. Porque al ampliar la familia, ellos prolongan los rasgos, los gestos: extienden la vida. La batalla contra la finitud no está perdida, se ilusionan.
Los abuelos miran diferente. Como suelen no ver bien, usan los ojos para otras cosas. Para opinar, por ejemplo o para recordar.
Como siempre están pensando en algo, se les humedece la mirada; a veces tienen miedo de no poder decir todo lo que quieren.
La mayoría tiene las manos suaves y las mueven con cuidado. Aprendieron que un abrazo enseña más que toda una biblioteca.
Los abuelos tienen el tiempo que se les perdió a los padres; de alguna manera pudieron recuperarlo. Leen libros sin apuro o cuentan historias de cuando ellos eran chicos. Con cada palabra, las raíces se hacen más profundas; la identidad, más probable.
Los abuelos construyen infancias, en silencio y cada día. Son incomparables cómplices de secretos. Malcrían profesionalmente porque no tienen que dar cuenta a nadie de sus actos. Consideran, con autoridad, que la me
moria es la capacidad de olvidar algunas cosas. Por eso no recuerdan que las mismas gracias de sus nietos las hicieron sus hijos. Pero entonces, no las veían, de tan preocupados que estaban por educarlos. Algunos todavía saben jugar a cosas que no se enchufan.
Son personas expertas en disolver angustias cuando, por una discusión de los padres, el niño siente que el mundo se derrumba. La comida que ellos sirven es la más rica; incluso la comprada. Los abuelos huelen siempre a abuelo. No es por el perfume que usan, ellos son así. ¿O no recordamos su aroma para siempre?
Los chicos que tienen abuelos están mucho más cerca de la felicidad. Los que los tienen lejos, deberían procurarse uno, siempre hay buena gente disponible.
Finalmente, para que sepan los descreídos: 
LOS ABUELOS NUNCA MUEREN, SÓLO SE HACEN INVISIBLES.
          DESCONNOZCO EL AUTOR

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