miércoles, 4 de septiembre de 2013

EL DESAFÍO DEL AMOR

EL DESAFÍO DEL AMOR

Vivimos en un mundo prendado de sí mismo. La cultura que nos rodea, nos enseña a concentrarnos en nuestra apariencia, nuestros sentimientos y nuestros deseos personales como si fueran la prioridad fundamental. Parece que el objetivo es buscar el mayor nivel de felicidad que sea posible. Sin embargo, el peligro de este modo de pensar se hace dolorosamente evidente cuando se está dentro de una relación matrimonial.
Si hay una palabra que signifique en esencia lo opuesto al amor, es el egoísmo. Por desgracia, todas las personas lo traen arraigado desde el nacimiento. Puedes verlo en el comportamiento de los niños y, a menudo, en el maltrato entre adultos.  La palabra egoísmo se define como aquella conducta consistente en poner los intereses propios en primer lugar. Está impulsada por lo que se quiere y necesita, sin importar las necesidades de los demás.
El egoísta espera recibir y no entregar, ser comprendido y no comprender, ser respetado y no respetar, ser tomado en cuenta pero no tomar en cuenta, ser mimado pero no mimar, no asume su responsabilidad, busca controlar, confunde las prioridades, critica y demanda sus derechos. Siempre está pensando en su individualidad, lo que quiere y necesita, sólo le importa las circunstancias que lo afectan y cómo atender sus propias necesidades.

Podemos deducir sin mucho análisis, que el egoísmo no puede vivir bajo el mismo techo que el matrimonio, porque la esencia del matrimonio es el amor y el servicio, y no precisamente a sí mismo, sino al otro.  Cualquier conducta egoísta es tropiezo para alcanzar la felicidad de un matrimonio. Impide trabajar en la lucha por el bien común, no deja emprender nuevos proyectos que los beneficien e interrumpe el crecimiento y la madurez que debe alcanzar toda pareja.
El antídoto para combatir el egoísmo es el servicio, o sea, poner la propia voluntad a disposición del otro y velar porque sean satisfechas sus necesidades.  Pero qué difícil es ser feliz al lado de alguien que sólo piensa en sí mismo; y qué diferente es la convivencia al lado de alguien que se preocupa por el otro y busca su bienestar.
¿Qué es pues el matrimonio, sino el amar y servirse el uno al otro para alcanzar el crecimiento de su unión?   Si quiero lograr ser servido primero debo servir, buscar el beneficio del otro para luego ser beneficiado. ¿Qué puedo hacer por ti? ¿Cómo puedo ayudarte? ¿Cómo puedo alegrarte? Mientras más sirvo, más fácilmente le resultará a mi cónyuge servirme.

¿Por qué tenemos criterios tan bajos para nosotros y expectativas tan altas para nuestra pareja? La respuesta es cruda: todos somos egoístas.
Cuando un esposo pone sus intereses, sus deseos y sus prioridades antes que su esposa, es una señal de egoísmo.  Cuando una esposa se queja sin parar del tiempo y la energía que gasta para satisfacer las necesidades de su esposo, es una señal de egoísmo.  Sin embargo, las parejas amorosas (las que disfrutan del propósito del matrimonio) se empeñan en cuidar bien al otro ser humano imperfecto con quien comparten la vida.
 
Un aspecto irónico del egoísmo es que aún los actos de generosidad pueden ser egoístas si la motivación es jactarse o recibir una recompensa. Si haces algo bueno para manipular en forma deshonesta a tu esposo o a tu esposa, sigues siendo egoísta. En pocas palabras, o tomas decisiones por amor a los demás o por amor a ti mismo.

El amor nunca se satisface si no es por el bien de los demás. No puedes actuar con amor verdadero y con egoísmo al mismo tiempo. 
No quiere decir que debas renunciar a tu  felicidad, lo que significa es que no invalidas la felicidad de tu cónyuge para lograr tu propia felicidad.  El amor trae alegría interior, y cuando le das prioridad al bienestar de tu pareja, hay una satisfacción que las acciones egoístas no pueden lograr. 
 
Nadie te conoce tan bien como tu cónyuge. Esto significa que nadie reconocerá con mayor rapidez un cambio cuando en forma deliberada comiences a sacrificar tus necesidades y deseos para asegurarte de que los de tu pareja se satisfagan.  Si te resulta difícil sacrificar tus propios deseos para beneficiar a tu cónyuge, quizá tengas un problema más profundo con el egoísmo de lo que quieres admitir.
Hazte las siguientes preguntas:

    ¿En verdad quiero lo mejor para mi cónyuge?    ¿Quiero que sienta que lo amo?    ¿Creerá que quiero lo mejor para él (ella)?
    ¿Me percibe como alguien que primero busca su propio bienestar?
Ya sea que te guste o no, tienes una reputación a los ojos de las personas que te rodean, en especial, a los ojos de tu cónyuge. ¿Es una reputación de amor? Recuerda, tu cónyuge también tiene el desafío de amar a una persona egoísta. Así que decide ser el primero en demostrarle el verdadero amor, con plena conciencia de lo que haces. Y al final, los dos se sentirán más realizados.
Las cosas a las que les dediques tu tiempo, tu energía y tu dinero, cobrarán más importancia para ti.  Es difícil que te importe algo en lo que no inviertes.  Además de refrenarte de los comentarios negativos, cómprale algo a tu cónyuge que le comunique “hoy estuve pensando en ti”.
 
Alex y Stephen Kendrick   
Tomado del libro “El Desafío del Amor”
 
Un Abrazo, que Dios te bendiga, te muestre su rostro, te sonría y permita que prosperes en todo, y derrame sobre ti, muchas bendiciones de Vida, Paz, Amor, y mucha Prosperidad; 
 
          
BeatrizMedellín - Colombiasemillasdevida@pymex.net
®. Todos los derechos reservados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario