lunes, 21 de octubre de 2013

EL ARTE DE NO AMARGARSE

EL ARTE DE NO AMARGARSE



         Tengo la costumbre de investigar aquello que me preocupa para tratar de salir de ello. Hay cosas que nunca fallan. Para mí, los libros me han dado respuestas tan certeras y llenas de tranquilas perspectivas que siguen siendo mis mejores consejeros.
         Hoy he redescubierto uno muy interesante. Me gusta dejar cerca aquellos que me sirven de pilares cuando mi ánimo está bajo, cuando miro hacia arriba y todo me parece alto y lejos y pesado y dañino. A veces, solamente leer en su lomo, el título, me hacer sentir una calidez inmensa que me reconforta enormemente. Posiblemente sea esa la razón por la que sigo sin tener un libro digital. Me gusta tocarles, abrir por cualquier lado y posar los ojos en cualquier frase que seguro me da una respuesta satisfactoria a algunas de mis quimeras.
         El psicólogo Rafael Santandreu es el autor del libro “El arte de no amargarse la vida”, prefiere cambiar la palabra “desgracias” por la de “adversidades”. El cómo se reacciona es lo que marca la diferencia entre un concepto y otro, porque las alternativas son simplemente, aceptar la realidad o convertirse en un ser rabioso y amargado porque las cosas no son como uno quisieran que fuesen o por lo injustas que nos parecen.
         Para no amargarse la vida con lo que sucede se requiere talento, dedicación, perseverancia y sobre todo, cambiar la forma en que se responde cuando aparecen esos “malos momentos”.
         “ Qué diferente es surfear la vida por encima de sus olas a vivir sumergido, siempre medio ahogado, vapuleado por las corrientes marinas…qué distinto “gozarla o sufrirla como si fuese un mar hostil que nos domina”, escribe. Afirma que no importa la edad que uno tenga, ni que seamos escépticos o vulnerables para lograr salir de la amargura. La clave está en transformar la manera de pensar, la filosofía personal y el diálogo interno.
         Epicteto, insigne filósofo griego decía: “ No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos sobre lo que nos sucede”.
         Entre los hechos externos y los efectos emocionales existe una instancia intermedia llamada “pensamientos”. A un pensamiento catastrofista siempre le sigue una emoción similar. El padecimiento entonces está asegurado y la tortura mental se traduce en sensaciones de angustias exageradas e inútiles que no ayudan a resolver el problema.
         Las creencias que se instalan en la mente, aunque tengan base real, pueden volverse destructivas y devoradoras de nuestra felicidad y hay que combatirlas con rapidez.
         Hay que aprender a relativizar, a dejar de dar importancia a un problema que de no verlo desde el ángulo que lo hacemos cuando sufrimos, dejaría de importarnos y ahí en esa zona de racionalidad es donde debemos situarnos para comenzar la reconstrucción de nuestro equilibrio.
         No hay mejor opción que probar. El resultado seguro que nos lo merecemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario