jueves, 24 de octubre de 2013

Gozaríamos la vida si no juzgáramos a los demás / En consulta con Álex

Gozaríamos la vida si no juzgáramos a los demás / En consulta con Álex

La semana pasada, una amiga me citó explícitamente para contarme el fracaso que había sido su día de amor y la amistad. Resulta que le había organizado una cena romántica a su novio: fue a cinco diferentes supermercados a comprar los ingredientes de su comida preferida; se gastó un dinero sustancial en vino y champaña y se estuvo un día entero en la peluquería para estar en perfectas condiciones.
Según ella, el cuento de hadas se desvaneció cuando su novio le regaló una docena de rosas y después de haberse comido la entrada, el plato fuerte y el postre, le dijo, “Muchas gracias”.
Ella quedó atónita ante la falta de expresividad de su novio y le ‘cobró’ todo el esfuerzo que le había invertido a la cena. Irónicamente, la noche que tan meticulosamente había organizado, concluyó en cantaleta de ella. Él se fue triste sin realmente entender lo que había hecho tan mal.
Buscando apoyo moral, me preguntó: “¿Cómo es posible que él no hubiera dado alaridos de felicidad y no me hubiera dicho lo maravillosa que soy? ¿Cómo puede ser que solo me diera unas rosas después de todo el gasto que hice?”
Cuando le contesté que tal vez a él le costaba trabajo ser igual de expresivo que ella y que en últimas él no le había pedido que hiciera tanto gasto, casi me mata porque yo tampoco reaccioné con la indignación que ella consideraba que la situación merecía. Me reclamó que como mujer, no me pusiera de su lado. Así, no solo la defraudó su novio, sino yo también.
Honestamente, pensé que tratar de darle el punto de vista de él la ayudaría más, que darle la razón. Su novio realmente estaba agradecido y para él un ramo de rosas era un detalle romántico y una demostración de su amor. Ella no pudo ver más allá de sus propias expectativas de lo que hemos debido haber dicho, hecho y pensado. No puedo juzgar a mi amiga porque he hecho lo mismo que ella en innumerables circunstancias, pero la realidad es que es absurdo, dañino y contraproducente creer y exigir que el resto del mundo actué, hable o piense igual que uno.
¿Qué pasaría con nuestras relaciones interpersonales si entendiéramos que todos pensamos diferente? Cómo nos gozaríamos la vida si pudiéramos ser generosos en amor y afecto sin condicionarlo a nuestras expectativas. Cómo disfrutaríamos los pequeños detalles si no estuviéramos esperando obras cinematográficas. Cómo nos gozaríamos la vida si no juzgáramos a los demás por nuestros estándares de lo que debe ser.
Creo que la tristeza y la desilusión empiezan con tantas expectativas y tal vez la felicidad radica en aceptar que por más que uno se esfuerce, la única persona que podemos controlar y cambiar es a nosotros mismos.
ALEXANDRA PUMAREJO
          http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/mujer/gozaramos-la-vida-si-no-juzgramos-a-los-dems-en-consulta-con-lex_13094634-4

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