miércoles, 30 de octubre de 2013

La doble moral en las relaciones de pareja / En consulta con Álex

La doble moral en las relaciones de pareja / En consulta con Álex

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3:56 p.m. | 29 de Octubre del 2013
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Recientemente leí una encuesta en la cual le preguntaron a un centenar de mujeres: ¿Si tu esposo/novio/pareja le da un beso a otra mujer mientras está de viaje, lo considerarías infidelidad? La mayoría encuestada contestó “sí”.
Posteriormente les preguntaron, ¿si eres tú la que está de viaje, conoces a un hombre en un bar y al final de la noche después de unos tragos se dan un beso, sería infidelidad? Curiosamente, más de la mitad de las que habían contestado un “sí” rotundo a la primera pregunta, respondieron que en este caso “no sería infidelidad”.
No puedo negar que me sorprendió la falta de coherencia. Las justificaciones fueron variadas pero con la misma conclusión. Unas aseguraron, que si era ella quien daba el beso podía asegurar que nada más iba a ocurrir, en cambio si el esposo besaba a una “cualquiera” podría ir más allá de los labios. Otras aseguraron que a ellas nunca las iban a descubrir porque las mujeres son mejor mentirosas que los hombres y si él no se daba cuenta, no pasaba nada.
Independientemente que para mí sí sea infidelidad, hágalo quien lo haga, lo increíble es la doble moral con la que permanentemente manejamos tantos aspectos de nuestras relaciones.
Para citar solo algunos ejemplos, como mujeres nos encanta que nuestras mamás vengan a visitarnos todos los días, inclusive que se queden periodos eternos en nuestras casas pero muchas no toleran a sus suegras ni por un minuto. A muchas nos encanta ir de compras o tomarnos un café con nuestras amigas pero nos genera desconfianza y resentimos que nuestra pareja vaya a ver un partido de fútbol sin nosotras.
Hay hombres a quienes les parece lógico trabajar todos los días hasta tarde y todos los fines de semana si es necesario pero nos acusan de malas esposas y madres si somos nosotras quienes queremos sobresalir laboralmente. Hay otros que les encanta piropear a todas las mujeres pero les ofende que alguien nos piropee a nosotras o que como mujeres admiremos a otro hombre.
Ni hablar de las veces que exigimos perdón por nuestros errores pero somos incapaces de perdonar los tropiezos ajenos, o lo más grave, cuando reclamamos que nos amen y nos acepten tal y como somos pero permanentemente necesitamos “corregir” lo que calificamos como “defectos” del otro.
Siempre se pueden justificar y racionalizar las actitudes de posesividad, egoísmo o intransigencia pero la realidad es que en demasiadas ocasiones utilizamos dos varas completamente diferentes para medir; una larga para nosotras y otra bastante corta para la persona a quien supuestamente amamos.
Les pregunto, ¿cómo nos iría si en vez de dos varas solo usamos una?
ALEXANDRA PUMAREJO
                 http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/mujer/en-consulta-con-lex_13149217-4

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