jueves, 14 de noviembre de 2013

La meditación de Buda

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El camino de la meditación es arduo y muy contradictorio. No hay nada que puedas encontrar más contradictorio que la meditación. Es contradictoria porque tiene que comenzar como esfuerzo y debe terminar como ausencia de esfuerzo. Pero así es como es. Quizás no seas capaz de captar con la lógica cómo ocurre, pero en la práctica sucede. Llega un día en el que simplemente te hartas de tu esfuerzo y éste se cae. 
Así le ocurrió a Buda. Durante seis años realizó todos los esfuerzos posibles. Ningún ser humano ha tenido una obsesión semejante por llegar a la iluminación.
Hacía todo lo que podía. Iba de un maestro a otro, y todo lo que se le enseñaba, lo hacía perfectamente.
Ese era el problema, porque ningún maestro podía decirle, “No lo estás haciendo bien, y por eso no tienes resultados”. Eso era imposible. Practicaba mejor que cualquier maestro, así que los maestros tenían que confesar, “Esto es todo lo que tenemos que enseñar. Más allá, no sabemos. Busca en otro sitio”. 
Era un discípulo peligroso, y sólo los discípulos peligrosos tienen éxito. Estudiaba todo lo que podía.
Cualquier cosa que se le dijera, la hacía, exactamente como se lo habían dicho. Luego iba al maestro y le decía, “Lo he hecho, pero no ha ocurrido nada. ¿Y ahora, qué?” 
Los maestros le decían, “Hay un maestro en los Himalayas, ve ahí”. O, “Hay un maestro en tal bosque, ve ahí. No sabemos más que esto.” 
Dio vueltas y vueltas durante seis años. Hizo todo lo factible, todo lo humanamente posible, y entonces se hartó. La empresa entera parecía inútil, estéril, sin sentido. Una noche relajó todos sus esfuerzos. Estaba sentado bajo el árbol de Bodhi y dijo, “Ahora todo se ha acabado. No tengo nada que hacer en el mundo. Todo se ha acabado. No sólo en este mundo, sino en el siguiente también”. 
De repente, todos los esfuerzos se desprendieron.
Estaba vacío, porque cuando no hay nada que hacer, la mente no puede moverse. La mente se mueve sólo porque hay algo que hacer, alguna motivación, alguna meta. La mente se mueve porque algo es posible, hay algo que se puede conseguir, si no hoy, entonces mañana. Si existe la posibilidad de conseguir algo, la mente se mueve. 
Esa noche Buda llegó a un punto muerto. En realidad, murió en ese preciso instante porque no había futuro.
No había nada que conseguir, ni nada que pudiera conseguirse. “Lo he hecho todo. El mundo entero es inútil y toda esta existencia es una pesadilla”. No sólo se le antojó fútil el mundo material, sino el espiritual también. Se relajó. No es que hiciera nada para relajarse. Esta es la cuestión que hay que entender: no había nada que le provocara tensión, por tanto se relajó. No hubo esfuerzo alguno por su parte para relajarse. 
No es que intentara relajarse bajo el árbol de Bodhi.
No había nada que hacer, nada por lo cual estar tenso, nada que desear, ningún futuro, ninguna esperanza. Esa noche su desesperanza era total. La relajación ocurrió. No puedes relajarte si queda algo que conseguir que sigue dando vueltas en tu mente. Le das vueltas y vueltas y más vueltas. Pero esa noche, las vueltas pararon de repente, la rueda se paró. Buda se relajó y se durmió. Cuando se despertó por la mañana, la última estrella se estaba poniendo. Vio cómo desaparecía la última estrella, y con esa estrella él desapareció por completo, se convirtió en un ser iluminado. 
Entonces la gente empezó a preguntarle, “¿Cómo lo has conseguido? ¿Cuál ha sido tu método?” Podéis comprender la dificultad de Buda. Si decía que lo
había logrado usando algún método, sería un error, porque lo logró sólo cuando no había método. Si decía que lo había logrado a través del esfuerzo, sería un error, porque lo logró sólo cuando no había esfuerzo.
Pero si decía, “No hagáis esfuerzo alguno y lo lograréis”, también sería un error, porque esos seis años de esfuerzo eran el telón de fondo de su ausencia de esfuerzo. Sin esos seis años de intenso esfuerzo, no se podría haber logrado este estado de no-esfuerzo.
Sólo por causa de ese denodado esfuerzo llegó a la cumbre. Luego, cuando ya no tenía adonde ir, se relajó y cayó al valle. 
Hay que recordar esto por varias razones. El esfuerzo espiritual es el más contradictorio de los fenómenos.
Hay que hacer el esfuerzo, con plena conciencia de que nada puede lograrse a través del esfuerzo. Hay que realizar el esfuerzo únicamente para alcanzar el no-esfuerzo, porque si te relajas, nunca llegarás a la relajación que le vino a Buda. Sigues haciendo todos los esfuerzos, hasta que de forma automática llega un momento en el que a base de puro esfuerzo llegas a un punto en el que te ocurre la relajación.”
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