lunes, 4 de noviembre de 2013

Mi hijo no quiere estudiar

no quiere estudiar
Cuando tu hijo se siente desmotivado por los estudios, es posible que también se sienta desequilibrado en otras áreas de la vida, como querer dormir más de la cuenta, desear estar solo o tener malas juntas. Esto sucede cuando algo importante, no atendido, está sucediendo en su interior.
Muchos padres advierten que algo no anda bien en sus hijos cuando observan que están teniendo dificultades en la escuela o cuando pasan los años y no se vislumbra alguna afición o inclinación por una carrera determinada. La preocupación comienza a invadirlos porque se pierde de vista la manera en que sus hijos podrán sostenerse económicamente en la vida adulta.
Pero, para llegar a esta condición, habrán tenido que suceder varias cosas que fueron importantes y a las cuales no se les ha prestado la debida atención. Los padres podrían creer que todos los problemas terminarán cuando sus hijos se enfoquen en algún área que pueda permitirles el sostenerse lo mejor posible económicamente y dejan de lado algo muy importante, el descubrimiento de los propios intereses personales de los hijos. Este abandono o confusión que se crea al interior de los hijos, comienza a generar una desconexión entre mente y corazón que termina colapsada cuando ya no presentan interés genuino por nada de la vida.
Por mucho tiempo, los padres hemos creído que era muy importante que los hijos encontraran una línea de vida que les diera todo el poder económico que fuera posible alcanzar. En estos tiempos maravillosos, ese solo deseo ya no está siendo suficiente para los jóvenes y se está manifestando una suerte de rebeldía frente a esta idea si no tiene considerada la posibilidad de desarrollar sus propios anhelos, dones y sentido de vida personal.
Por lo general, los niños y jóvenes no se dan cuenta de lo que les está sucediendo. Ellos solo saben que algo no está bien y los padres, sicopedagogos, psicólogos, profesores y alguien más, se encargan de afirmar que el niño tiene un problema. Los hijos sienten el dolor de su desconexión sin poder explicarse la raíz de ese sentimiento y muchas veces se sienten culpables de ser causantes de tantos problemas. Los padres que nunca sintieron el dolor de su desconexión, no comprenden lo que pasa con sus hijos.
Y no es que los hijos estén pidiendo algo imposible, es que la evolución lo está permitiendo y lo está favoreciendo por medio de la toma de conciencia que es cada vez mayor en los niños y jóvenes. El modelo antiguo está comenzando a quedar obsoleto, pero mientras se produce la transición, existe mucha confusión.
Para la antigua escuela de los padres, pensar que un hijo pueda seguir sus propias iniciativas parece imposible. Muchas veces, las actividades que ellos desean realizar, dedicarse o especializarse (dibujar, video juegos, internet, bailar o cantar, entre tantas otras actividades) son consideradas como ideas complementarias o contrarias a su educación y se espera que ellos puedan tener acceso a otro tipo de formación para que realmente se sientan seguros de su porvenir.
Debido a esta discrepancia entre lo que los padres desean para sus hijos y lo que ellos están queriendo encontrar (aunque no estén tan conscientes de ello), se produce una gran desconexión entre lo que dictan sus corazones y lo que tienen que pensar.
Son muchos los adultos (jóvenes o menos jóvenes) que se encuentran en etapa de reconocimiento de esta desconexión y algunos están trabajando seriamente en esta reconstrucción. Son cada vez mas las personas que sienten que sus vidas no tienen un sentido claro, que no vibran con lo que hacen, que se sienten más apagadas que vivas y muchas veces no saben por qué.
Cada vez se hace más necesario tener presente ese llamado interno que señala la ruta a seguir. Muchos padres resisten con mucha fuerza que sus hijos quieran dedicarse a algo que antes no podía haber sido concebido y se encuentran forzando la posibilidad de acomodar a sus hijos en un modelo que está quedando atrasado en muchos aspectos.
Ahora mas que nunca, se está evidenciando la importancia que tiene escuchar los naturales impulsos del alma de cada joven, no tan solo para permitir que pueda expresarse, sino que además, para colaborar y asegurarse de que pueda hacerlo.
Los padres no tienen la facultad de elegir el rumbo de la vida de sus hijos. Cada ser humano que viene a esta tierra viene con algún plan determinado, con alguna misión especial, con alguna tarea que requiere ser cumplida por dos motivos principales:
  1. la dicha de ese ser humano al expresarse tal como es
  2. y la ganancia que el universo recibirá por aquel aporte personal que nadie más puede hacer a la humanidad.
Ningún cambio es fácil, pero los mismos hijos nos pueden ayudar a permitir que éste se realice en paz, armonía y felicidad. No podemos negar que la dichosa expresión de cada intención del alma de nuestros hijos les dará una enorme motivación para vivir en esta tierra y que nosotros los padres, no podremos ser mas que dichosos al verlos así de realizados.
Es muy claro que todos ganamos cuando un ser humano puede sentir y experimentar la conexión de su corazón con sus acciones. ¿Por qué podríamos tener miedo?
Si tu hijo no quiere estudiar o se siente desmotivado en la vida, seguramente se ha desconectado de su corazón. Nunca es tarde para volver a conectarse. Lo digo por experiencia propia.
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