lunes, 4 de noviembre de 2013

No es al otro a quien hay que pedir disculpas

disculpas
Diccionario de la RAE: DISCULPA – (De dis y culpa) – “Razón que se da o causa que se alega para excusar o purgar una culpa”.
(Perdonen que comience dando mi opinión sobre el uso incorrecto que se hace de “pedir disculpas”, cuando creemos haber ofendido o molestado a una persona, cuando en realidad lo acertado sería “ofrecer disculpas”. La propia Real Academia de la Lengua Española admite ambas formas como iguales, pero, en cambio, el matiz diferenciador, a mi entender, hace que todo cambie).
Cuando alguna persona cree haberme ofendido o molestado de algún modo y me pide disculpas, digo, siempre, que no es a mí a quien tiene que pedirlas (ofrecerlas, en mi opinión) sino a sí mismo.
Si lo que me ha dicho o hecho me ofende o molesta es mi problema, por permitir que eso me afecte.
Siempre tengo la opción de no permitir que me altere si comprendo que lo que ha dicho sólo es una opinión equivocada por falta de un criterio veraz, o que tal vez haya actuado de un modo inconsciente, y posiblemente sin ánimo de hacerme daño.
Creo que es a sí mismo a quien tiene que ofrecer disculpas, a quien tiene que explicar lo que ha hecho, y por qué, y con quien tiene que dialogar –una vez que ya se ha dado cuenta de que lo que dijo o hizo no era lo correcto- para tratar de evitar que en el futuro se vuelva a repetir.
Si alguien pide disculpas, o perdón, es porque no se siente bien por su acción, porque su conciencia le está haciendo ver que no es correcto, y es por tanto consigo mismo con quien tiene que sentirse disgustado, si así lo cree necesario.
Al pedir disculpas al otro, o perdón, lo que uno pretende es tratar de resolver el conflicto del modo más sencillo: escuchando del otro que acepta sus disculpas o su petición de perdón.
De ese modo, se des-culpabiliza rápidamente creyendo que así ha dado por zanjado el asunto, y que todo queda como si nada hubiera pasado.
No es cierto.
Es una tergiversación.
En realidad, la conciencia no se tranquiliza ni se conforma con esas palabras. Es la mente quien se conforma con eso. Pero no es la mente, y sí la conciencia, y lo inconsciente, quienes nos gobiernan. Por lo tanto, es un asunto que sigue sin resolver.
La sensación de inconformidad por el acto sigue latente. Se siente como un perdón de palabra, pero no de corazón.
Tiene que haber sinceridad en la conversación con uno mismo cuando se ofrecen disculpas. Tiene que haber el reconocimiento expreso de haber cometido algo incorrecto, algo de lo que uno se arrepiente y por lo que se siente afligido, y es a sí mismo a quien tiene que decirle/decirse cuál debiera ser el modo correcto de comportarse en la próxima ocasión.
Recuerda que si has ofendido a otro, con quien realmente estás enojado es contigo.
PD.- Lo positivo de ofrecer disculpas al otro, es que uno le reconoce el derecho a ser digno y a no ser ofendido.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales, es el creador de la web www.buscandome.es para personas interesadas en la Psicología, la Espiritualidad, la Vida Mejorable, el Autoconocimiento, y el Desarrollo Personal. Te invito a visitarla.
             http://angelesamor.org/autoconocimiento/pedir-disculpas.html

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