jueves, 26 de diciembre de 2013

Vivir sin prisa: todo un desafío de hoy

Vivir sin prisa: todo un desafío de hoy

Prisa
La prisa se ha convertido en sinónimo de productividad: todos viven de afán.

Disfrutar del descanso es ahora casi que sinónimo de pereza y ya muy pocos logran hacerlo.

La prisa es hoy sinónimo de eficiencia y productividad, de inteligencia y capacidad. Poder hacer varias cosas en el menor tiempo posible es, en la actualidad, el factor clave de lo que nuestra época ha dispuesto como el fin anhelado del ser humano: el éxito.
De afán vive el ejecutivo de una empresa, quien mientras responde los cien correos que le llegan al día, debe atender reuniones, estar conectado a lo que pasa en este y el otro lado del continente, interesarse en los últimos avances de la tecnología, hacer vida social, disfrutar del deporte, de uno que otro libro, aprovechar los cortos momentos en familia y, si es que todavía las 24 horas del día alcanzan, dedicar algún tiempo a dormir.
De afán también vive el taxista que en un tráfico verdaderamente monumental, responde las llamadas de su casa y simultáneamente atiende el servicio del radioteléfono que le acaba de llegar, e intenta acelerar para llegar más rápido a la siguiente cuadra.
De afán vive una estudiante que sale corriendo con el corazón en la mano para alcanzar el bus y estando allí por fin, estudia dos materias al tiempo y chatea con sus amigos, pues no se puede perder los últimos acontecimientos. De afán vive todo el mundo, pues el tiempo vale oro y perder un segundo sería imperdonable.
Esta prisa ha invadido no solo las rutinas diarias, también las decisiones importantes de la vida y lo que se espera de ella. Hay una carrera constante por alcanzar unas metas trazadas, por conseguir salud, dinero y amor, por alcanzar la plenitud, como si esta última fuera algo que se adquiriera en un instante. Con rapidez se debe hacer todo cuando se está joven, pues se piensa que de viejos ya no se logrará. Hay afán de no sufrir, de lograr lo que queremos sin mucho esfuerzo y poca paciencia; avidez de tener, de alcanzar, de saber, de tener al día toda la información disponible.
Esta clase de maratón no nos permite disfrutar del paisaje, ni aprovechar la compañía de quien corre al lado nuestro. De esta manera se pierde la satisfacción de sentarse a pensar o meditar acerca de sí mismo, de deleitarse con las ocurrencias de los hijos, de aprender sobre lo ya aprendido, de observar detenidamente la naturaleza que está a nuestro alrededor. Esa ansiedad, que muchas veces es un motor de acción, se convierte en una adicción. Sin darse cuenta, muchas personas se hacen adictas a vivir de afán. Si no lo hacen se sienten culpables, piensan que están perdiendo el tiempo y que no están dando todo de sí.
Pero lo que muchos no consideran son las consecuencias a mediano y largo plazo, sin decir lo mucho que se llega a perder de vivir el presente, pues el estrés que produce la prisa desgasta, enferma y agota. Como se dice comúnmente, del afán solo queda el cansancio, además de una gran cantidad de errores de los cuales es difícil aprender, pues para eso tampoco hay tiempo.
¿Está en ‘crisis de afán’?
Algunos síntomas que muestran que el afán y el estrés pueden estar tomando posesión de su vida.
* Desde que se levanta está mirando el reloj y no pueden pasar cinco minutos sin que le dé una mirada.
* El celular se ha convertido en su otro yo. Está en el chat o contestando correos mientras charla con otros, incluso en el baño.
* Tiene contados los minutos que pasa con sus hijos, tanto que no termina de jugar con ellos y hasta deja un cuento sin terminar.
* Desea que sus hijos hagan todo rápido. Que aprendan a comer, a ir al baño, a sumar y hasta chino antes de que sean grandes.
* La actividad que más satisfacción y alegría le produce es haber chequeado todos los pendientes de la agenda.
* Pierde la paciencia rápidamente ante cualquier situación.
* Antes de que el semáforo este en verde usted ya está pitando.
* Quiere resolver los problemas con su pareja en cuestión de segundos pues eso le quita tiempo para disfrutar de otras cosas.
* No han concluido las vacaciones de este año y ya esta planeando las próximas.
Hacia una vida sin tanta prisa
Esta situación de vivir de afán, sin disfrutar del todo lo que estamos viviendo, debería suscitar una reflexión profunda, que exige tiempo, conciencia y disposición para transfor-
mar y replantear las formas de vida. Para iniciar, puede aprovechar estos días de descanso, o por lo menos un poco más relajados, y pensar en algunas recomendaciones para aligerar el paso y gozarse más la vida:
* Defina sus prioridades e invierta su tiempo en ellas.
* No se involucre en más cosas de las que puede hacer.
* Identifique qué es lo que más lo afana o en qué momentos corre con más prisa.
* Practique con más frecuencia la paciencia, con sus hijos, con su pareja, con su jefe o su compañero de trabajo y hasta consigo mismo.
* No se altere por pequeñas cosas.
* No se frustre si algo no llega con la rapidez que quiere o en el momento que usted lo espera.
* Tómese el tiempo para analizar algo que le parezca complicado.
* Reflexiones sobre sus errores.
* Aprenda a decir no.
* Despréndase de la sensación de que el éxito está asociado al número de actividades que emprende.
MARÍA ELENA LÓPEZ
PSICÓLOGA FAMILIAR WWW.INTELIGENCIAFAMILIAR.COM
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

             http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/mujer/cmo-vivir-sin-afanes_13295087-4

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