lunes, 6 de enero de 2014

Tú eres, sin ningún propósito

Nace un niño. No puede dar nada al mundo, pero tiene que tomar muchas cosas. No puede restituir, no puede devolver nada. Es tan impotente: simplemente desvalido. Necesitará comida, amor, cobijo, calor. Todo debe ser provisto.
Una criatura nace absolutamente desvalida, especialmente la criatura del hombre. Ningún animal es tan desvalido. Por eso ningún animal crea una familia: no es necesario. Pero la criatura del hombre es tan desvalida, que no puede existir sin que haya una madre que la proteja, un padre, una familia, una sociedad. No puede existir sola. Moriría inmediatamente.
Es tan dependiente... Lo necesitará todo, y lo pedirá todo. Y la madre dará, el padre dará, la familia dará. El niño comienza a pensar que es el centro del mundo entero. Hay que dárselo todo; sólo tiene que pedirlo. Pedirlo es suficiente; no es necesario ningún otro esfuerzo.
De modo que el niño comienza a considerarse a sí mismo el centro, y todo gira en torno a él, para él. La existencia entera parece estar creada para él. Es una necesidad que sus exigencias sean satisfechas; sino, morirá. Pero esta necesidad se vuelve muy peligrosa.
Crece con esta actitud de «soy el centro». Luego exigirá más. Las exigencias de un niño son muy simples, se pueden proveer. Pero cuando crezca, sus exigencias se volverán más complejas. A veces no será posible satisfacerlas. Puede que pida la Luna, o lo que se le ocurra...
Cuanto más crezca, más complejas, más imposibles se volverán sus exigencias. Entonces se afianza la frustración, y el niño comienza a pensar que ahora lo están engañando. Daba por sentado que era el centro del mundo. Ahora habrá problemas, y con el tiempo será destronado. Cuando se convierta en un adulto, estará completamente destronado. Entonces sabrá que no es el centro. Pero en lo más hondo, la mente inconsciente sigue pensando en función de que él es el centro.
Viene gente y me pregunta si su destino está determinado. Están preguntando si son tan importantes, tan significativos para este universo que su destino deba estar determinado de antemano. «¿Cuál es mi propósito?», preguntan. «¿Por qué fui creado?» Esta tontería infantil de que eres el centro crea este tipo de preguntas, como: «¿Con qué propósito fui creado?»
No eres creado para ningún propósito. Y es bueno que no seas creado para ningún propósito; de otra forma serías una máquina. Una máquina se crea para algún propósito. El hombre no es creado para ningún propósito, para algo; ¡no! El hombre es la creación afluente, desbordante. Todo simplemente es. Las flores son y las estrellas son y tú eres. Todo es simplemente un rebasamiento, una alegría, una celebración de la existencia sin ningún propósito. OSHO
 
Victoria Malvar
triqueta

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